Falla ovárica y la preservación de la fertilidad

 

Falla ovárica y la preservación de la fertilidad

La edad promedio de embarazo se ha aumentado en los últimos años en la medida que más mujeres persiguen una educación formal y una carrera profesional, posponiendo así el matrimonio y la maternidad, afectándose así  su fertilidad. Consecuentemente un gran grupo de mujeres que llegan a sus últimos años reproductivos en estas circunstancias buscan asistencia médica asociada a la infertilidad.

Por otro lado ha aumentado el número de personas en edad reproductiva que han sobrevivido a enfermedades potencialmente letales, como el cáncer y otras autoinmunes, en la medida que mejoran las terapias para estas enfermedades.  Se estima que para este año, 1 de cada 250 adultos sea sobreviviente de un cáncer de la infancia.

Estos dos fenómenos cambiantes en la vida de la mujer de hoy, nos llevan a idear maneras para ampliar la ventana de concepción que no solo se ve limitada porque no ocurre producción de huevos en el ovario de la mujer después de la época postnatal, sino que estos sufren un proceso de muerte programada a lo largo de la vida de la mujer que culmina con su desaparición en la menopausia.  El hecho que la edad de la menopausia sea variable (42 a 58 años) parece indicar que las mujeres están dotadas de un número variable de huevos al nacer y/o que la velocidad con la que estos se pierden varía de una mujer a otra.

Sin embargo este proceso de pérdida de los huevos en el ovario puede verse acelerado por tratamientos médicos que destruyen los folículos (estructura que comprende el huevo inmaduro con las células de la granulose que lo recubren) y estos tratamientos pueden ser de tipo quirúrgico, medicamentoso (quimioterapia) o asociado a radioterapia como parte de terapias que intentan salvar la vida de la mujer, pero que pueden comprometer la calidad de vida futuro al producir una falla ovárica prematura.

La aparición de falla ovárica prematura de origen iatrogénica o secundaria a tratamientos médicos dependerá entonces de 3 factores: la edad de la mujer en el momento del tratamiento, el tipo de tratamiento y la dosis total de medicamento o radioterapia suministrada. La edad de la mujer es en sí un factor protector en la medida que la mujer joven posee más folículos primordiales en el momento de la injuria al ovario, lo que le permite recuperar la función ovárica pasado el tratamiento a pesar que la destrucción de los mismos también se da.  Esto se puede ver reflejado, sino en una falla ovárica inminente, si en una menopausia más temprana.

En el caso de la quimioterapia, existen 3 grupos de acuerdo al riesgo de producir destrucción de los folículos ováricos y falla ovárica.  Dentro de los medicamentos más conocidos en el grupo de alto riesgo está la ciclofosfamida, el busulfán, la mostaza nitrogenada y el melfalán.  Dentro del grupo de bajo  o ningún riesgo está el metrotexate y el 5-Fluoracilo, entre otros.  El riesgo de falla ovárica luego del tratamiento de cánceres como el linfoma, leucemia o cáncer de mama con medicamentos como la ciclofosfamida se incrementa en la medida que aumenta la edad de la mujer. Así, una de cada cinco mujeres con edad promedio de 29 años, presentarán falla ovárica después de este tratamiento, comparada con 3 de cada 5 después de los 30 años. Sin embargo, cuando la dosis total de quimioterapia suministrada es alta o la combinación de medicamentos potencia su efecto nocivo sobre el ovario, 9 de 10 mujeres no volverán a menstruar debido a falla ovárica iatrogénica; tal es el caso de la quimioterapia combinada, con o sin radioterapia, para el trasplante de médula.

Es en estos casos, en los que se requiere la mayor colaboración entre el equipo médico con el fin de darle una asesoría oportuna, especialmente a aquellas mujeres que aún no han satisfecho su maternidad.

 

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